Consiste en destruir y aspirar parte del tejido graso que se dispone bajo la piel. Esto se consigue con una fina cánula que se introduce en el tejido adiposo a través de una pequeña incisión de un par de milímetros.
El tejido graso ha sido previamente preparado embebiéndolo abundantemente con solución hidrosalina a la que adiciona vasoconstrictores y anestésico en muy bajas concentraciones para evitar el sangrado y prevenir la inflamación.
En primer término se realiza una lipoaspiración profunda que permite el vaciado del volumen. Posteriormente se repite la lipoaspiración superficialmente para permitir una buena retracción de la piel y conseguir un moldeado perfecto.
La lipoescultura, que no es más que otra manera de denominar a la liposucción, sin que exista diferencia alguna de procedimiento, se puede practicar en brazos, abdomen, muslos, rodillas, entrepiernas, pantorrillas, tobillos, nalgas, caderas, torso y también en la cara.